Este episodio del podcast Círculo de Poder recibe a Silvana Torres, periodista y presentadora ecuatoriana con quince años de trayectoria en pantalla. Pasó por “Vamos con todo”, construyó su nombre en “De boca en boca” y hoy trabaja en TC Televisión, donde además conduce un programa digital de entretenimiento.
Daniela Moreira e Iván Mosquera la sientan a hablar de algo que casi nunca se cuenta sobre la farándula: que es un oficio duro, con horarios extensos, coberturas de doce horas y una línea muy fina entre el personaje que se construye para vender y la persona que se va a la casa cuando se apagan las cámaras. Silvana entra advirtiendo que es un libro abierto, y lo cumple.
1. La niña de Milagro que jugaba a ser animadora
Silvana es milagreña y tenía el sueño definido desde chica: estar en televisión. En el colegio era la que compraba las revistas, la que llegaba a la casa y prendía el televisor para ver “Vamos con todo”. Conocía la farándula de memoria y le gustaba de verdad, así que cuando el programa abrió un casting para buscar un nuevo reportero, fue.
Quedó entre los cinco finalistas y obtuvo el tercer lugar. El premio era estar tres meses a prueba y quedarse después como reportera oficial del espacio. Fue la primera a la que sacaron del proyecto.
Dios mío, pero si a mí me gusta, yo sé de farándula.
Lo cuenta con la lectura que da el tiempo, incluido el reconocimiento de que ahí había algo de ego y bastante de inmadurez. De ahí saltó a Gama TV, donde se encontró con Angelo Baraona —al que al principio le temía— y trabajó como reportera del espacio del mediodía y de un programa de baile. El proyecto se cerró a los pocos meses.
Después vino otro intento. Conoció a Miguel Cedeño cubriendo eventos, él le dijo que tenían que trabajar juntos y la recomendó para el casting de un nuevo programa de espectáculos. Tampoco quedó. Lo que sí llegó, a los días, fue una llamada de “Vamos con todo”: había renunciado una reportera y necesitaban reemplazo. Esta vez negoció, entró y tomó una decisión que le ordenó la carrera entera.
Yo ya no me voy a preocupar tanto en el físico, en la ropa, si estoy maquillada. Yo voy a concentrarme en demostrar que tengo talento.
2. Experta en carne: el método que la sacó del montón
La estrategia no la copió de nadie. No existían el Instagram ni las historias que hoy delatan dónde está un artista, y ella era nueva y no tenía contactos, así que armó lo único que estaba a su alcance: averiguar cuándo había conciertos y estar ahí.
Sin pase, además, y a propósito. Los pases no le interesaban porque no iba a ver al artista.
Yo me quedaba fuera. Para mí mejor, porque no hay ruido. Yo agarro al famoso cuando está llegando.
Ese puesto afuera le daba la llegada del famoso con quien viniera de la mano, y de una sola cobertura salían dos temas. Fue haciendo amistad con las relacionistas públicas, no para que le dieran entradas sino para que le avisaran las fechas de conciertos y eventos. Nunca le dijo que no a nada, y trabajaba de nueve de la mañana a diez de la noche porque se quedaba cubriendo los realities, donde sabía que siempre podía sacar dos o tres notas más.
La vara del oficio la explica con una imagen de carnicería que es la mejor definición de su método:
Normalmente en los programas siempre te piden tres notas y no huesos, te piden carne, te piden buen material. Y yo era experta en buen material.
3. De reportera a presentadora: el salto a “De boca en boca”
Estuvo casi tres años en “Vamos con todo” y en ese tiempo desarrolló una convicción que entonces iba contra la costumbre del medio: que el reportero debería ser también presentador, porque es el que vive la noticia y puede transmitirle al público el contacto directo con el entrevistado. La política de la casa era la contraria, y la repetían seguido: el reportero es reportero, acá no queremos presentadores.
La salida llegó por donde ya había llegado antes. Miguel Cedeño la encontró en una cobertura y le avisó que se venía un proyecto nuevo en TC, y que ella tenía que estar con él. Silvana dijo que sí de la boca para afuera, porque en el fondo estaba cómoda y no quería moverse.
Cuando pasó algo en el canal que le dio la señal, fue al casting, se reunió con Cedeño y con el productor Marlon Acosta, y ahí escuchó la oferta: menos dinero del que ya ganaba, por un proyecto que todavía no existía más que como idea. Lo habló con su esposo, que es su brújula para este tipo de decisiones, y aceptó. Después habló de frente con sus jefes de ese momento, que le desearon suerte y no hicieron ningún intento por retenerla.
De esa apuesta —cobrar menos por algo que aún no estaba encaminado— sale todo lo que vino después.
4. El personaje que dice lo que otros no se atreven
La instrucción de origen fue explícita. La jefa que le dio la oportunidad en “De boca en boca” se lo planteó como un encargo de producción, no como una descripción de su carácter.
Usted es la veneno. Usted, mientras más mala mejor, porque ese es un personaje. Usted no está acá para ser la niña buena.
La corrección vino después, de Marlon Acosta, y es la que ella misma adoptó como definición de lo que hace en cámara.
No es que tú eres mala. Tú simplemente vas a decir lo que otros no se atreven.
La veneno es controversial, peleona y frontal, y Silvana la reconoce como coraza y como trabajo. La distancia entre esa figura y ella la mide en cosas concretas: es hogareña, se desvive por sus dos hijos, le encanta llevar a su bebé a la escuela y conversar con él. Cuando ve a alguien que la está pasando mal, le afecta.
Lo que sí cambió con la maternidad es el costo. Antes no le importaban los comentarios, porque quien los escribía no formaba parte de su entorno y no la conocía. Ahora hay un punto de quiebre que no depende de ella, y es que mañana su hijo va a escuchar en la calle que su mamá es la veneno, dicho por gente que no mide las consecuencias de sus palabras.
Por eso casi no acepta entrevistas. Recibe invitaciones y las declina casi todas, porque le han sacado de contexto lo que dice más de una vez. A este episodio vino por una razón sencilla, y es que Daniela le cayó bien. Es también la respuesta a la pregunta de si el personaje se despega alguna vez.
Es un personaje que igual me va a acompañar por el resto de mi vida. Pero es mi trabajo al final del día.
5. La cobertura que le dejó un callo en la nariz
Se define como reportera de cacería, y la explicación es literal: le gustaba lo prohibido. Si un famoso cometía un error no iba a llamar al programa para contarlo, así que había que ir a buscarlo. Ahí es donde aparecen la primicia y la exclusiva, y ahí es donde entraron los temas legales, que la apasionaban: el caso de Sharon, el de Toño Abril, separaciones de artistas que hoy son parte de la historia pública de cada uno.
La que la marcó fue el proceso a un chico de reality en Milagro, y no por el morbo sino por lo contrario. Detrás del acusado había una madre, una novia, un embarazo, y a ella eso la golpeaba.
Fueron semanas de audiencias. Se levantaba a las cuatro y media para llegar al canal, peinarse y armar el equipo con su camarógrafo, porque si la cobertura era a las siete ella quería estar a las seis y cuarto por si el involucrado se adelantaba. Ese día llegó la sentencia por mensaje: treinta y cuatro años.
Yo quería tener la primera imagen, la primera toma.
Se metió a la entidad para alcanzarlo cuando lo estuvieran bajando. No lo planificó, y los policías la sacaron sin ninguna contemplación. De ahí le quedó un callo en la nariz. Salió de Milagro a las once de la noche, después de entrevistar familiares y de pasar bajo la lluvia por la casa de quien había puesto la denuncia.
Esa es la cobertura de la que salió el “queremos saberlo” que la gente todavía le recuerda, y no fue una estrategia diseñada en una reunión de contenido. Salió de estar parada ahí durante dieciséis horas.
Los ángeles del camino
Cuando le preguntan por su mentor responde que no tiene uno sino varios, y los llama ángeles. Lo interesante es que a cada uno le atribuye una lección distinta y ninguna es técnica.
Del director de contenido de “Vamos con todo” aprendió a no ser figuretti. Su regla era que del reportero solo se viera la mano y se escuchara la firma, nada de rostro. En su momento sonaba a egoísmo y ella lo pensó así, hasta que entendió que eso también forma y vuelve humilde a quien empieza. De él viene además el consejo que sigue cumpliendo:
Nunca salgas a farrear con gente de farándula.
El razonamiento es de oficio puro: si te enteras de algo en una farra, después no vas a poder hacer esa nota, o te la van a cobrar como favor de amigo. Silvana casi no sale con gente del medio, y la explicación que da es que terminaría llevándole al público una información distinta de la realidad.
De Miguel Cedeño —al que menciona como el angelito que hoy está en el cielo— aprendió a ser buena compañera, a ceder y a delegar. Él era excelente entrevistando divas y no se veía esperando horas en un juzgado, así que le pasaba los datos de las audiencias apenas los conseguía. El aviso siempre venía con la misma orden.
Veneno, mañana hay una audiencia. Ya te pedí cámara, siete de la mañana. Lúcete.
De Marlon Acosta aprendió a separar lo profesional de lo personal. Y de sus jefes actuales en TC aprendió lo que más le movió el molde: que estaba para algo más que la farándula. Fueron ellos los que la mandaron a la calle a hacer comunidad, a entrevistar médicos y abogados, y a prepararse para temas que no eran los suyos.
Lo digital tiene un costo, y la televisión no se muere
La parte más honesta del episodio para cualquiera que esté mirando la migración de los medios es la que ella cuenta sin adornos. Estuvo en un programa de farándula digital con compañeros maravillosos y les fue muy bien. Duró seis meses.
Hacer esto no es fácil y tiene un costo.
Terminó por auspicio: porque todavía hay quien no cree en el proyecto. Es la advertencia que le hace al público que asume que lo digital sale gratis. Al mismo tiempo, no ve el formato como una moda pasajera. Hace año y medio conduce un programa digital de entretenimiento que no se limita a espectáculos, con temas del día e invitados de todo tipo, y su canal está apostando por esa línea.
Su pronóstico sobre lo tradicional va en contra de lo que se repite en cada panel del tema. La televisión no va a desaparecer, dice, porque el público joven que está en redes no es todo el público: hay casas donde el televisor sigue prendido con el noticiero. Lo que hay es reinvención, no reemplazo.
Ella la aplica también a su propia economía. Vende bien y lo sabe, así que monetiza sus redes, tiene ingresos que no dependen únicamente de la pantalla y deja la puerta abierta a un proyecto propio más adelante. El principio es tan simple que casi da pudor escribirlo, y lo dice igual.
Hacer platita por todos lados nos viene bien a todos.
Lo que atraviesa toda la conversación no es la farándula sino la negativa a ocupar el lugar de la víctima. La sacaron del primer proyecto que soñó, no quedó en dos castings seguidos, aceptó ganar menos por una idea sin forma y terminó con la cara contra el piso de un juzgado en Milagro. De cada una de esas la respuesta fue la misma: sacar el aprendizaje y volver a salir a buscar la nota. Su consejo de cierre es directo y no promete atajos, porque los sueños no tocan la puerta: hay que trabajar por ellos.

