Camila Cedeño, directora de Muvalmo, en el podcast Círculo de Poder

Ser el vínculo me abrió puertas en el mundo: Camila Cedeño

Camila Cedeño, comunicadora, estratega en relaciones públicas y directora de Muvalmo, cuenta cómo la historia de una mujer quemada con sopa hirviendo la llevó a trabajar contra la violencia de género. Habla de economía violeta, de los hombres como aliados y de la diplomacia que sí se cumple.

· 9 min de lectura

Este episodio del podcast Círculo de Poder recibe a Camila Cedeño, comunicadora, estratega en relaciones públicas y directora de Muvalmo, un proyecto social que en casi ocho años ha llegado a cerca de 10.000 mujeres con prevención de la violencia de género, acompañamiento y herramientas para independizarse económicamente.

Daniela Moreira y James Pratt le preguntan cómo pasó de casi inscribirse en medicina a vivir de la comunicación, qué le hizo dejar de mirar desde afuera y qué hay de real en las mesas internacionales a las que la invitan. La respuesta atraviesa toda la conversación con una sola palabra: ser el vínculo entre las personas, las causas y los lugares donde se toman decisiones.

1. Una vida dividida en tres

Camila describe su presente en tres partes. La primera es su profesión, la comunicación y las relaciones públicas. La segunda es Muvalmo, donde dice que puede ser ella misma, sin la rigidez y los protocolos que a veces exige un trabajo. La tercera es la que llama diplomacia no oficial: viajes y compromisos internacionales que llegaron gracias a su proyecto social. Este mismo año, por ejemplo, el Consejo Nacional Electoral de Colombia la invitó a observar las elecciones presidenciales de ese país.

Nada de eso estaba en el plan. Su familia es de abogados, de niña le regalaban juguetes de doctora y ella apostaba por una de esas dos profesiones tradicionales. Lo único que tuvo claro desde siempre fue el llamado al servicio. Cuando ya estaba prácticamente inscrita en medicina, se dio cuenta de que era extremadamente sensible: no se imaginaba dándole a alguien un diagnóstico difícil, y cuando su abuelo murió de cáncer confirmó que no resistía ese lado de la profesión.

Se quedó sin rumbo. Como católica, cuenta, le entregó la decisión a Dios, y fueron sus amistades las que le dijeron que comunicaba muy bien. Recordó que en el colegio usaba el lápiz como micrófono y decidió intentarlo.

2. El vínculo como marca personal

Lo irónico, dice, es que nunca terminó haciendo medios. Su especialidad son las relaciones públicas: conectar a una persona o a una institución con el medio de comunicación, incluso desde cargos en el Estado con distintos gobiernos. Ahí encontró la definición que le da nombre al episodio.

La comunicación al final es un filtro, porque es ese vínculo donde haces llegar un mensaje, una campaña o un producto. Me di cuenta de que mi vida se resume en ser un vínculo para las personas.

La idea se extiende a su papel fuera del país: cuando viaja, se ve como el filtro de lo que pasa en Ecuador y trata de representarlo de la mejor manera. A los conductores les llama la atención la etiqueta. Hablar de networking o de ser conector es común; llamarse a uno mismo vínculo pone el acento en la confianza que se construye con el tiempo, no en el contacto que se consigue en una tarde.

3. La historia de Mayrita

Camila reconoce que no conocía la violencia de género de cerca. En su casa no la vivió, y llegó a ella por su gusto por la labor social: antes hacía proyectos con niños y con adultos mayores. En una de esas visitas a Monte Sinaí, en Guayaquil, conoció a Mayrita, una señora con una marca en el rostro que ella, todavía con mentalidad de futura doctora, creyó un lunar. Hasta pensó en regalarle bloqueador.

Fue el vínculo el que cambió la conversación. Pasó de ser la chica que un día llevó una donación a alguien que volvía constantemente, y con esa confianza Mayrita le contó la verdad: no era un lunar, sino una quemadura de segundo grado. Su pareja había llegado a la casa mientras ella cocinaba y le lanzó la sopa hirviendo a la cara.

Muchas fundaciones nacen de la experiencia propia de quien las crea. La de Camila nació de lo contrario. Ella usa un término en inglés, bystander: la persona que está al lado de un problema, lo conoce y no hace nada.

Existe mucha gente que conoce los problemas y no hace nada. Entonces yo dije: yo no puedo no hacer nada.

Desde entonces, cuenta, todas sus tesis, incluida la de su maestría en relaciones internacionales y ayuda humanitaria, giraron alrededor de cómo reducir la violencia de género. Sabe que decir que dejará de existir es utópico; lo que buscaba era su propia respuesta a la pregunta de qué puede hacer ella para ayudar.

4. Cómo trabaja Muvalmo

El proyecto se organiza en dos fases. La primera es prevención y atención: capacitaciones en prevención de violencia de género, asesoría jurídica y acompañamiento psicológico. Camila insiste en este último punto porque, según ella, durante mucho tiempo la respuesta se quedaba en mandar a la mujer a la Fiscalía a denunciar, sin ocuparse de lo que pasaba después con sus traumas.

La segunda fase es el empoderamiento económico, lo que se conoce como economía violeta. Muvalmo dicta talleres totalmente gratuitos, desde gastronomía hasta otros oficios, para que las mujeres puedan emprender e independizarse. Uno de los conductores subraya que la violencia intrafamiliar no tiene estrato social y que un ingreso propio, aunque sea vendiendo tortas, cambia mucho la situación de una mujer.

El taller estrella es el de defensa personal, y su objetivo no es pelear:

  • Autoestima: la defensa personal ayuda a que la mujer se sienta fuerte y capaz.
  • Hombres como instructores: los talleres los dictan amigos del proyecto, a propósito.
  • Convivencia: la idea no es dejar a los hombres de lado, sino integrarlos.

El trabajo se alinea con el ODS 5 de la ONU, el objetivo de igualdad de género. Camila también es honesta sobre los costos: buena parte del proyecto ha sido autogestión, y le han cerrado puertas cuando ha pedido donaciones.

5. Los hombres como aliados

La conversación se detiene en el feminismo. Camila se declara feminista por el hecho de ser mujer, pero toma distancia de los grupos que, a su juicio, terminan destruyendo lo femenino, y usa un término polémico para nombrarlos. Daniela Moreira matiza: el feminismo nació porque a la mujer se le negaban derechos como trabajar, votar o decidir, avanzó en olas, y hoy las luchas responden a necesidades distintas, algunas de las cuales generan fricción con los hombres. Por eso cree que ese término no debería usarse.

En lo que sí coinciden es en el método. Una acción por la igualdad de género no consiste en reunir a 50 o 100 mujeres en una sala para hablar de violencia; hay que trabajar con los hombres al lado. Camila recuerda que en la primera ola, la de las sufragistas, muchas mujeres eran apedreadas y violentadas, y sus esposos las apoyaban.

Si hacemos gestiones, tiene que ser de la mano de los hombres, porque sin ellos no vamos a poder conseguir ningún tratado ni ninguna igualdad. Ellos son nuestros aliados.

Ese es también el mensaje que quiere dejar en quienes no se sumen directamente a Muvalmo: que no sean bystanders. Cuando le preguntan si se lanzará a la política, responde que no es su objetivo. Lo que quiere es ser un referente, alguien a quien otros busquen porque saben que a través de ella pueden ayudar.

La cara real de las relaciones internacionales

Antes del cierre, los conductores le plantean una pregunta incómoda: muchas veces politólogos, internacionalistas y diplomáticos se reúnen en una mesa técnica, sale un informe y nadie lo gestiona. ¿Vale la pena?

Camila distingue dos niveles. A nivel estatal, reconoce, hay convenios y tratados que se quedan en la foto y nunca entran a la planificación ni al presupuesto. Le ha pasado también en el plano local: instituciones que se comprometen a apoyar y otras que se toman la foto y no hacen nada. Pero cuando la organización firma un compromiso, este es directo con ella, aunque no venga con fondos. Así fue en la mesa de trabajo a la que la invitaron en el Ministerio de la Mujer de República Dominicana, con quienes sigue en contacto y donde espera volver pronto.

Las relaciones internacionales no solo son para las amistades, sino para seguir construyendo desde el proyecto y para las personas en general.

Innovar también el corazón

Al cierre, los conductores le piden un mensaje dirigido sobre todo a las nuevas generaciones, que tienen otra forma de reunirse y de hacer activismo. Camila recuerda que ella nunca vivió la violencia que combate, y que no hace falta vivirla para involucrarse: basta con saber que se viene al mundo con un propósito y que se pueden dejar huellas positivas en las familias y en las mujeres, a quienes llama el pilar del hogar.

Así como nos innovamos desde ChatGPT hasta la inteligencia artificial, innovemos también nuestros corazones. Es importante no solo vivir para las cosas vanas, sino también vivir para servir.

El episodio termina con un anuncio: Camila se suma al equipo de hosts de Círculo de Poder, para aportar sus relaciones nacionales e internacionales y traer invitados de valor a la comunidad.


La historia de Camila Cedeño no empieza con una herida propia, sino con la de otra persona que ella decidió no ignorar. De esa decisión salieron un proyecto que acompaña a miles de mujeres, una carrera construida sobre la confianza y una invitación que sirve para cualquiera: entre mirar desde el costado y hacer algo, siempre hay un vínculo posible.