Este episodio del podcast Círculo de Poder recibe a Juan Carlos Lima, ingeniero comercial, docente universitario y CEO de Ferias 360, la plataforma de ferias laborales virtuales que conecta a las empresas más grandes de Ecuador con cientos de miles de ecuatorianos que buscan trabajo.
Daniela Moreira e Iván Mosquera le preguntan por el fracaso que casi lo saca del juego, por el ranking de empresas donde los ecuatorianos quieren y no quieren trabajar, y por lo que un reclutador busca de verdad en una hoja de vida. La conversación deja una idea clara para quien emprende y para quien busca empleo: una buena idea no alcanza si no hay cuero duro para ejecutarla.
1. Una tesis de MBA, un socio que mintió y dos préstamos
Lima se graduó de ingeniero comercial en la Universidad Católica y después hizo un MBA en el IDE Business School. Para graduarse le pidieron armar una empresa que fuera factible de verdad. Conversando con su esposa, que trabajaba en el área comercial de un colegio, apareció la necesidad: si había ferias presenciales para universidades, ¿por qué no hacer ferias virtuales donde los padres de familia conocieran a los colegios de Guayaquil, Quito o Cuenca? Hizo estudios de mercado, validó la idea y se graduó con buenas notas. Pero, como él mismo dice, del dicho al hecho hay mucho trecho.
En 2013 decidió lanzarla mientras seguía trabajando. Ahí cometió los dos errores que hoy considera lecciones obligatorias para cualquier emprendedor: elegir mal a un socio y no verificar a tiempo el avance del producto. La plataforma la desarrollaba un socio que le aseguraba que todo avanzaba. Lima le pagaba, pero no sabía leer código. Un mes antes del evento, con 15 colegios con contrato firmado y dos préstamos en el banco, lo arrinconó hasta que le mostró la verdad: casi nada estaba listo.
Canceló, se disculpó con sus clientes y volvió a buscar empleo para pagar las deudas. Hizo carrera en jefaturas y gerencias de ventas, hasta que en una empresa alcanzó el 60% de la meta anual en dos meses y medio, en una industria que no conocía, y salió por chocar con un jefe autoritario. Ese fue el empujón: si podía tocar puertas y persuadir a empresas que nunca lo habían escuchado, podía hacerlo para sí mismo.
Parte del éxito de mi empresa fue ese primer fracaso.
La idea, además, estaba adelantada a su época. En 2013 apenas un 30% de las familias ecuatorianas tenía internet, y aun así había colegios dispuestos a pagar por estar en una feria de ese tipo. Esa validación quedó guardada durante años hasta que volvió a sacarla.
2. Concentrarse en una sola feria
Ferias 360 nació con una ambición amplia: ayudar a cualquier institución a encontrarse con sus clientes. Hubo ferias de universidades, de colegios, de turismo y de empleo. En los dos primeros años, las que más impacto tuvieron fueron la feria laboral y la de posgrados. Entonces tocó decidir.
Si te concentras al inicio en una sola cosa, la haces bien y profundizas ahí, te va a ir bien. Si eres solamente buenito en muchas cosas, eso no prospera.
Se quedó con la feria laboral, que en su primera edición atrajo a 5.000 personas. El segundo salto no lo buscó él: un cliente le pidió que aprovechara su llegada a los jóvenes para preguntarles cuáles eran las empresas ideales para trabajar, porque nadie en el país estaba midiendo eso. Lima aceptó, pero lo cobró como lo que era, un estudio de mercado. El cliente le propuso hacerlo para todo el mercado, y así nació Employer Branding Ecuador.
Ese ranking le dio al negocio una respuesta para la empresa que pregunta para qué lo necesita si publica una vacante y le llegan 5.000 currículums. Además de los perfiles, Ferias 360 ofrece una vitrina para que la empresa cuente quién es, cómo se vive adentro y cómo trata a su gente, y al final del año un informe de cómo la percibe el mercado laboral: qué perfiles la buscan, en qué ciudades, universidades y carreras pesa más.
3. El anti-ranking que nunca hará público
Lima insiste en una diferencia con su competencia: otros rankings miden lo que dicen los colaboradores de una empresa sobre su propio lugar de trabajo; el suyo mide lo que piensa el mercado laboral que está afuera. Cerca de 100.000 personas al año entran a sus ferias, y antes de ingresar responden cuál es para ellas la empresa ideal para trabajar en el país y por qué. Escriben el nombre que quieran; nadie les da una lista. Entre 600 y 700 empresas reciben al menos diez votos, y las más deseadas, como Supermaxi, llegan a 3.000 o 4.000.
Desde el año pasado agregó la pregunta inversa: en qué empresa es en la que menos te gustaría trabajar. Con eso armó un anti-ranking de las empresas más odiadas por el mercado laboral ecuatoriano. No lo va a publicar jamás. Es un insumo interno para que sus clientes sepan qué se dice de ellos afuera. Lo que sí cuenta es por qué la gente las elige, entre unas quince razones posibles:
- Ambiente laboral tóxico, donde trabajar ahí significa no ser amigo de nadie.
- Jefes abusivos, en todo sentido.
- Cero opciones de crecimiento, quedarse diez o quince años en el mismo puesto.
- No te escuchan: haz tu trabajo, tu visión no interesa.
Para Lima la cultura es el corazón de una empresa, porque es el lugar donde una persona pasa más tiempo que en su casa. Los momentos de tensión van a existir siempre. En un buen ambiente se convierten en oportunidades para salir adelante en equipo; en uno tóxico, en la ocasión para serrucharle el piso al que cae mal. Convivir con alguien que prefiere la bulla cuando tú quieres silencio es difícil en cualquier parte, pero en un ambiente tóxico ese fastidio se vuelve gigante.
4. Lo que no se ve de una feria presencial
Su crítica a las ferias laborales presenciales viene de lo que le cuentan los propios gerentes de recursos humanos. En el stand no hay tiempo para saber si alguien vale la pena: a lo mucho se recibe el currículum y se hacen un par de preguntas en dos minutos. Después la empresa se lleva entre 500 y 600 hojas de vida.
¿Saben cuándo las revisamos? Nunca.
Con suerte se revisan veinte o treinta si hay una vacante urgente. Por eso, dice, muchas empresas asisten más por imagen de marca y por la relación con las universidades que por contratar.
El otro costo es ambiental. Cada asistente se moviliza en carro, bus o taxi; imprime en promedio unas veinte hojas de vida para recorrer entre 30 y 50 stands; pasa cinco o seis horas en el lugar y va al baño al menos una vez, con tres o cuatro litros de agua en cada visita. Multiplicado por mil asistentes, son unos 4.000 litros de agua por feria, sin contar el aire acondicionado y la electricidad. En una feria virtual nadie imprime, el agua que se consume es la misma que se habría consumido de todos modos y se recorren 30 o 40 stands en veinte minutos, aplicando con un clic.
Las ventajas que resume para su modelo son tres: es sustentable y llega a lugares remotos, incluida la Amazonía, donde ninguna feria física llegaría; el candidato tiene más opciones de ser encontrado que enviando su correo al repositorio gigante de una empresa, porque las empresas pueden filtrar por provincia, ciudad, universidad, carrera o último cargo; y los expositores suelen ser los número uno de cada industria, empresas aspiracionales como Holcim o DHL, que repiten cada año para encontrar perfiles en provincias. Para decisiones como comprar una casa reconoce que hace falta ver y tocar, y ahí apuesta por un modelo híbrido.
5. Talent 360 y el feedback que nadie te da
El propósito que Lima le pone a su empresa es mejorar la empleabilidad del país. Ese es el origen de Talent 360, una bolsa laboral que reúne los perfiles de entre 300.000 y 400.000 personas que pasaron por sus ferias. El reclutador escribe lo que busca en lenguaje natural, por ejemplo un programador en Guayaquil que sepa Python e inteligencia artificial y trabaje en equipo. Una inteligencia artificial le sugiere criterios que no había puesto, le entrega los candidatos y los ordena por porcentaje de coincidencia con su currículum. La promesa es tener los perfiles más idóneos de la plataforma en menos de cinco minutos.
También quiere bajar la barrera para las empresas pequeñas. En lugar de obligar a comprar paquetes de cinco o diez descargas que cuestan entre 100 y 250 dólares, se puede previsualizar el currículum sin los datos de contacto y pagar solo por los dos que interesan. Lo piensa para la gran empresa, pero también para el emprendimiento que necesita a alguien en la cocina mañana mismo.
La parte que más le entusiasma es la del candidato. Si las empresas buscan vendedores de mostrador con Excel avanzado y comunicación fluida, la plataforma les dirá a los demás vendedores qué les falta y qué estudios, pagados o gratuitos, pueden hacer para cerrarlo. Vendrán tests gratuitos de comunicación, liderazgo y organización con resultados que, por primera vez, el postulante podrá ver.
Ese es el futuro de mi plataforma: darte feedback para que sepas por qué no te están contratando y qué tienes que trabajar en ti para mejorar tu perfil.
Qué poner en tu hoja de vida
Iván Mosquera, que contrata para su propio negocio, cuenta que revisa un currículum en cinco segundos y que lo que busca es el retorno: no le basta un costo por conversación o un costo por mil impresiones si no sabe cuánto generó esa inversión. Los conductores suman otros dos patrones: los eternos estudiantes con cuatro o cinco maestrías y ningún resultado, y, como cuenta Daniela Moreira, que hoy recluta para su trabajo en marketing digital, quienes pasan tres meses en cada empleo. Lima coincide. La mayoría solo pone dónde trabajó, en qué cargo y de qué fecha a qué fecha, y casi nadie escribe sus logros: clientes conseguidos, porcentaje del presupuesto cumplido, reconocimientos.
Para sus alumnos que dicen no tener experiencia, su respuesta es que sí tienen qué contar. Un reclutador busca dos cosas: aptitudes relacionadas con el puesto y quién eres. Ahí entran los logros sostenidos en el tiempo, aunque no tengan medalla:
- Deporte: entrenar de lunes a sábado durante años habla de compromiso, aunque no se haya ganado un campeonato.
- Voluntariado en un hospital, una iglesia o cualquier actividad social con impacto en otros.
- Resultados medibles para quien ya trabajó: cuánto vendiste, cuánta plata hiciste ganar, a quién atendiste.
- Referencias verificables, como el nombre de un cliente o del jefe que puede confirmarlo.
Sobre la poca permanencia en los empleos, Lima la lee en clave generacional. Los baby boomers aguantaban; las generaciones siguientes aguantaban menos o se iban al año; la Generación Z se va apenas no se siente bien, aunque no tenga otro trabajo. Las empresas grandes entendieron que la respuesta no es un buen sueldo, vacaciones y fiestas de cumpleaños, sino algo más profundo: que el joven se sienta valorado, escuchado y parte del lugar. Eso exige líderes con inteligencia emocional, y las empresas que lo hacen ya no lo ven como un gasto sino como una inversión con retorno.
Lamentablemente, el más inteligente no es el que mejor le va en la vida profesional.
Cuero duro y capacidad de ejecución
Lo que contó en el episodio es, según él, una parte pequeña de lo que quiere construir. Su aspiración es convertir a Ferias 360 en el Amazon de los recursos humanos: un lugar donde el postulante aplique, se evalúe y encuentre cómo capacitarse, y donde el departamento de recursos humanos encuentre todo lo que contrata en un año, desde candidatos hasta capacitadores, team buildings o los regalos del Día de la Madre. También quiere posicionarse como referente de empleabilidad, con contenido sobre cómo armar un currículum o prepararse para una entrevista, una necesidad que Iván identifica como un hueco en el mercado ecuatoriano.
A quien quiere lanzar un proyecto le deja un mensaje que parte de su propia quiebra. No basta con una buena idea validada por el mercado; hace falta saber qué fortalezas se tienen, tener resiliencia para levantarse y cuero duro para recibir diez “no” y seguir de pie buscando el siguiente “sí”. Recomienda juntarse con gente que quiere salir adelante y contar las ideas sin miedo, contra el consejo que escuchaba de sus padres:
La capacidad de ejecución es lo más importante para sacar un proyecto adelante, y no todo el mundo tiene ese perfil.
La historia de Juan Carlos Lima empieza con una feria que nunca se hizo y termina con una plataforma que quiere decirle a cada postulante por qué no lo contratan. Entre una cosa y otra hay una lección que sirve tanto para emprender como para buscar empleo: el camino tiene subidas y bajadas fuertes, muchas alegrías y también muchos dolores. Si uno está dispuesto a atravesarlo, adelante; si no, toca formarse para eso.

