Un plato puede ser el más vendido y estar perdiendo plata. Pasa cuando el precio se fijó mirando al competidor de al lado en vez de al costo real, o cuando ese costo se movió y la carta se quedó igual. En un negocio donde el insumo cambia de precio cada temporada, revisar el margen deja de ser contabilidad y pasa a ser supervivencia.
A eso se suma lo que se pierde antes de llegar al cliente: producto que se echa a perder, porciones que cada cocinero sirve distinto, pedidos mal tomados. Varios invitados cuentan que la primera vez que midieron esa merma se llevaron una sorpresa mayor que la del alquiler.
El personal es el tercer frente. La rotación en cocina es alta y formar a alguien lleva semanas, así que quien se va se lleva tiempo invertido. Los que lograron bajarla no lo hicieron pagando mucho más, sino armando horarios previsibles y una forma de trabajar que no dependiera del humor del día.