Este episodio del podcast Círculo de Poder es una conversación práctica sobre la economía real del creador de contenido. La entrevista a Jefferson Merchán, periodista que pasó del medio tradicional —incluido su paso por VitoTV— a construir un medio digital propio centrado en gastronomía y estilo de vida, desarma el glamour de las redes y muestra el trabajo, los números y la ética que sostienen una marca personal cuando se la trata como negocio.
1. De VitoTV al “tiro al aire” digital
La transición del periodismo tradicional al contenido digital no fue un upgrade — fue un salto al vacío. Jefferson lo describe sin adornos: dejar un empleo estable en medios tradicionales para empezar a crear como independiente significa pasar meses documentando y publicando sin que ningún ingreso aparezca por la otra punta.
Crear contenido al principio es un tiro al aire. Disparás sin saber adónde llega ni si llega.
La parte difícil no es técnica, es mental. Lleva tiempo dejar de medir el éxito como lo medía el medio (rating, sueldo fijo, jefe que firma) y empezar a medirlo como lo mide la economía del creador (alcance, retención, marcas que vuelven). Y mientras esa traducción mental ocurre, hay que cargar con el estigma social de quien “dejó el trabajo seguro para hacer videos”.
2. Disciplina sobre talento: la obsesión por el hacer
Uno de los puntos más afilados del episodio es la desmitificación de la viralidad. Sí, una pieza puede explotar de un día para el otro. Pero la carrera no se construye con la pieza viral — se construye con las cien que vinieron antes y las cien que vienen después.
La regla que Jefferson plantea para cualquiera que recién arranca: tratar el contenido como un trabajo formal, no como un hobby con suerte.
- Levantarse a una hora, aunque nadie esté tomando lista.
- Una agenda con entregas y deadlines, así sea autoimpuesta.
- Cumplir con los clientes con el mismo rigor que cualquier proveedor profesional.
La frase que resume su tesis: la obsesión por el hacer le gana al talento natural cuando el talento no es disciplinado. Hay creadores brillantes que terminan abandonando porque no se aguantan la rutina. Y hay creadores promedio que se sostienen veinte años porque convirtieron la constancia en un sistema.
3. El media kit: vender con datos, no con seguidores
Cuando llega el momento de cobrarle a una marca, los seguidores totales son lo que menos importa. Jefferson cuenta cómo aprendió a estructurar un media kit que enseña lo que sí mueve la aguja:
- Alcance real por pieza, no solo views.
- Guardados y compartidos — las métricas que indican intención, no solo consumo pasivo.
- Datos demográficos: edad, ubicación, género del público.
- Casos previos con resultados medibles (clicks, reservas, ventas atribuibles cuando se puede).
A esto suma un principio comercial: tarifas diferenciadas según el tamaño del cliente. Cobrarle lo mismo a un emprendedor de barrio que a una cadena multinacional no es justo ni sostenible. Adaptar el producto y el precio mantiene la relación ética y deja la puerta abierta para volver a trabajar — con los dos.
4. El modelo económico: ingresos visibles + ahorros invisibles
La conversación abre una capa que rara vez se discute: el ingreso del creador no es solo lo que factura. Es también lo que deja de gastar.
Buena parte del beneficio de ser foodie no es lo que cobrás. Es lo que no comprás.
Para un creador gastronómico, recibir comidas, servicios, ropa, viajes en colaboración con marcas significa que esos rubros desaparecen del presupuesto personal. El ingreso neto efectivo —el dinero que de verdad queda en el bolsillo— es mucho mayor de lo que la facturación muestra.
Sobre la facturación pura, Jefferson da una referencia concreta: dos videos semanales para restaurantes pueden constituir un piso de ingreso mensual sólido. No es viralidad ni patrocinios millonarios — es repetición disciplinada de un servicio bien empaquetado. La economía del creador, cuando se la mira de cerca, se parece más a una agencia chica que a una lotería.
5. Credibilidad y autenticidad: el activo más caro de cuidar
La marca personal se sostiene sobre una sola cosa: que la audiencia crea lo que decís. Y eso se construye lento y se destruye rápido.
Jefferson es directo con dos malas prácticas que mata creadores:
- Imitar a otros. El público nota la copia. Y cuando la nota, no vuelve.
- Atacar restaurantes para ganar vistas. La sinceridad no es maltrato. Hay creadores que confunden “ser honesto” con “destruir negocios chicos” porque eso da clicks. Es un atajo que paga al principio y deja una marca tóxica que las marcas serias terminan evitando.
La pauta operativa: si una colaboración no encaja con la marca, se declina con respeto. Si hay feedback negativo que dar, se da en privado o en formato constructivo. La reputación es un activo de cinco años — y se quema en un fin de semana.
Formalizarse antes de “ser famoso”
Una recomendación práctica que muchos creadores postergan: sacar el RUC, pagar impuestos y llevar contabilidad desde temprano, no cuando ya facturás. Tres razones:
- Las marcas serias piden factura. Sin RUC, te quedás afuera del mercado real.
- Las puertas institucionales —créditos, visas de trabajo, contratos con grandes empresas— exigen historial fiscal. Un creador sin papeles es invisible para esas oportunidades.
- Se demuestra seriedad al cliente. Una factura formal te diferencia del “amigo que hace videos” y te coloca en la conversación de proveedor profesional.
Postergar la formalización es la trampa que cierra puertas antes de que el creador note que estaban ahí.
Filtrar el ruido del feedback útil
En redes hay dos tipos de comentarios negativos: los que aportan información (un dato mal, un ángulo no considerado, una crítica con base) y los que solo buscan hacer sentir mal a quien produce. Confundirlos cuesta carrera.
La regla práctica de Jefferson: identificar rápido a cuál de los dos pertenece cada mensaje. Al primero se le agradece y se lo internaliza. Al segundo se lo ignora — responderlo solo lo alimenta y te roba la energía mental que necesitás para producir mañana.
Colaboración sobre competencia
La industria digital es chica. Los creadores que se destacan suelen llevarse bien con sus colegas, no enfrentarlos. Mantener buen trato con otros creadores —compartir contactos, recomendar, no boicotear— construye un ecosistema donde todos crecen.
La lectura inversa es importante: el creador que ataca colegas para destacar termina con una imagen pública tóxica que ninguna marca seria quiere asociar a su producto. La competencia agresiva paga corto plazo y aísla largo plazo.
Evolución constante
La conversación cierra con una idea que cruza todo el episodio: no se puede ser el mismo creador para siempre. La audiencia evoluciona, las plataformas cambian de algoritmo, los formatos nacen y mueren. El creador que se queda fijo en su fórmula de 2020 pierde relevancia sin darse cuenta.
La regla: adaptar el formato, el lenguaje, las plataformas — pero mantener el núcleo personal que conectó a la audiencia desde el principio. La esencia es lo que la gente sigue. Todo lo demás se reinventa.
La historia de Jefferson Merchán es una guía honesta de supervivencia en la economía del creador. Detrás de cada video que parece espontáneo hay un media kit, un RUC, una tarifa pensada, una colaboración rechazada y una rutina sostenida durante años. Es exactamente lo opuesto al cliché del influencer que vive de la suerte — y por eso vale la pena escucharlo entero.
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