Este episodio del podcast Círculo de Poder —episodio #70— es una conversación con Elías Roldán, director académico del IGAT, el instituto tecnológico de la casa roja en Guayaquil. Más de diez años de trayectoria en educación para alguien que nunca planeó ser profesor: lo suyo era la comunicación, el periodismo, contar historias.
La charla recorre ese desvío que terminó siendo vocación, el estilo de liderazgo que lo volvió una figura reconocida entre los estudiantes, y una pregunta que hoy atraviesa a cualquiera que trabaje con ideas: si la inteligencia artificial puede resolver la ejecución, qué queda del lado humano.
1. El periodista que terminó en un aula
Elías cuenta un recuerdo de infancia que explica todo lo demás: enrollaba un periódico como si fuera un megáfono, se paraba frente a la ventana y leía las noticias en voz alta. En la escuela y el colegio se metía en cualquier club de periodismo que existiera. Un diario de Guayaquil abrió un espacio para artículos de adolescentes y él publicó dos veces.
Terminó la universidad, aplicó a todos los medios escritos de la ciudad y no se abrió ninguna puerta. Fue su mamá la que le sugirió otra cosa: hay una academia de inglés cerca de casa, por qué no intentar ser profesor. Aplicó, lo contrataron enseguida y empezó dando clases intensivas los sábados.
La educación es un bichito que te pica y te quedas ahí para siempre.
El inglés fue la llave, y Elías se la atribuye a su papá, que insistía en que aprendiera y lo llevaba a cursos aunque casi nunca pudiera estar en las presentaciones del colegio porque estaba trabajando. Ese esfuerzo se convirtió después en la formación que le abrió todas las puertas siguientes.
2. Dar clases fuera del aula
De la academia pasó a un colegio, primero en un vacacional con niños y después con bachillerato dando historia en inglés. Ahí aplicó lo único que sabía hacer bien: contar historias. Del antiguo Egipto a la Segunda Guerra Mundial, con el periodismo como método pedagógico.
La clase que todavía recuerdan sus exalumnos fue la de las cruzadas. Les pidió que llevaran cartones reciclados y pintaran escudos con una cruz. A la clase siguiente los sacó al patio, los hizo correr de un punto a otro gritando consignas en inglés, y en cada parada explicaba una cruzada distinta. Cuarenta estudiantes corriendo y gritando a las once de la mañana, con las aulas vecinas asomándose a ver qué pasaba.
Algunos me recuerdan como el profesor loco que daba clases de las cruzadas pintando escudos de cartón.
Reconoce que eso le trajo algún roce con la institución, porque no todo el tiempo estaba dentro del aula. Pero la apuesta era deliberada: ser disruptivo para que el contenido se fijara. Después vino el tercer nivel, estudiantes de dieciocho o veinte años que ya trabajaban, y la misma lógica aplicada de otra forma: un documental sobre la tipografía Helvetica para engancharlos antes de entrar a la materia.
3. El director académico que casi nunca está en su oficina
En abril de 2019 entró al IGAT como coordinador académico, después de que un mensaje en un grupo de compañeros de universidad le avisara de la vacante. Siete años después es director académico, y su relación con los estudiantes se volvió parte de la identidad de la institución: hay memes, stickers y videos suyos circulando entre alumnos, profesores y exalumnos.
Su explicación del método es literal:
Si yo me quedo solamente en la oficina y no veo lo que pasa en el exterior, no voy a poder conocer al alumno.
Sus jefes lo confirman: Elías casi nunca está detrás del escritorio. Está en el patio conversando, en el bar, viendo quién pasó y quién se ve triste. Esa disponibilidad hace que los estudiantes lleguen con cosas que no son académicas: un divorcio propio o de los padres, una ruptura, un despido, un cambio de jornada que les desarma el semestre.
El equilibrio que describe es fino: ser autoridad y acompañante a la vez. Sonríe casi siempre, y los estudiantes ya aprendieron a leer el momento en que el rostro le cambia y aparece el límite. Los stickers y los memes nacieron en pandemia y se consolidaron con la semana de las artes, cinco días de proyectos contrarreloj donde él animaba las dinámicas del patio con una cuchara y un huevo en la mano.
4. Vocación: pasión más servicio
Sobre cómo debería un joven elegir carrera, Elías vuelve al origen de la palabra vocación: algo que apasiona de verdad, pero que además pueda aplicarse como servicio a los demás.
Su propio caso fue una decisión impopular. Escogió la especialidad de sociales en el colegio siendo abanderado, y se lo cuestionaron: sociales es para los vagos, deberías ser ingeniero. El criterio que usó es simple y sigue siendo útil:
Miraba de qué quería yo hablar en la monografía, y así escogí mi especialidad.
No le interesaba escribir sobre el trinomio cuadrado perfecto ni sobre los modelos atómicos. Le interesaban la historia, la filosofía, la literatura. Ese mismo colegio terminó mandándolo dos semanas a Estados Unidos en un programa de jóvenes líderes.
La conclusión que deja para quien está por elegir:
- Estudiar lo que apasiona hace que los desvelos de los próximos años sean tolerables.
- La pasión sostenida se convierte en experticia, y la experticia es lo que después paga.
- El mercado importa, pero el objetivo no es entrar a un sector: es sobresalir en él.
A los treinta y seis años hace una cuenta incómoda: si el ecuatoriano promedio vive setenta y cinco, está en la mitad. La segunda mitad la quiere pasar profundizando en lo que ya sabe que le apasiona y siendo buena influencia para quienes lo rodean.
5. La IA no reemplaza al criterio
El tramo más discutido del episodio arranca con una observación de Iván: no hay escuelas de creatividad en Latinoamérica. Están Brother en Argentina y Barcelona, Complot, Miami Ad School, pero en Ecuador o Colombia no existe una marca especializada en ese nicho. Se copian formatos que funcionaron afuera, pero la creatividad que los originó no se importa.
Daniela suma el caso práctico: clientes que piden ocho videos hechos con inteligencia artificial y quieren pautarlos. En negocios donde hay que mostrar lo real, el resultado se siente falso y la gente deja de creer.
Elías cierra la idea con el argumento que sostiene todo el episodio: la herramienta obedece a la instrucción, y la instrucción depende del criterio de quien la escribe.
La IA está alimentada por el conocimiento que ha desarrollado el ser humano. Sin el ser humano, la IA no fue nada.
De ahí que las universidades, los tecnológicos y los institutos técnicos tengan que seguir investigando y aportando: son la fuente de lo que la máquina después procesa. En el IGAT eso se traduce en una materia de creatividad transversal a las carreras, no solo a las artísticas.
Sin criterio se vuelve todo mecánico.
El resultado se ve en los proyectos de quinto nivel: estudiantes que reciben un brief y responden con trabajos que sorprenden a sus propios profesores, porque el criterio viene de su experiencia laboral y no de un prompt.
Elías te escucha: el podcast como extensión del cargo
Del gusto por escuchar más que por hablar salió Elías te escucha, el podcast del IGAT. Empezó con alumnos, profesores y personal administrativo contando su vida más allá de las aulas: el profesor de publicidad que es fotógrafo de bodas, el de producción audiovisual que abrió un negocio de pizzas en pandemia, el de dibujo que enseña apnea los fines de semana, el personal de mantenimiento con su historia familiar.
Después llegaron exalumnos y figuras externas —Belén Montero, Cecilia Nemes— y el formato se abrió. Pero lo esencial siguen siendo las tres preguntas del cierre:
- Qué te da sueño: lo que drena la energía, como la injusticia, la corrupción o ver a alguien que no persigue su sueño por miedo al qué dirán.
- Qué te quita el sueño: la salud de los hijos, la de la madre, que se quiebre el negocio, no llegar a las metas.
- Qué te hace soñar: la mayor aspiración, que casi nunca es la fama ni el dinero, sino llegar a casa y encontrar a los suyos con vida y salud dentro de diez años.
Es el mismo principio del cargo trasladado a un micrófono. La institución tiene pintado un eslogan en la pared, bienvenido a casa, y el podcast es la versión editorial de esa frase.
La formación integral no es un discurso
Hay una idea que Elías repite con la insistencia de quien la usa todos los días: el profesor ya no puede ser solamente el que transmite conocimiento.
No solo importa que entiendas que dos más dos es cuatro. Importa si estás en condiciones de entenderlo.
Un estudiante que no comió bien, que no durmió, que llega con una preocupación encima, no capta nada. Por eso el acompañamiento no es un extra del rol académico: es la condición para que el rol académico funcione. Y por eso también los estudiantes se quedan en el instituto horas después de que termina su jornada, o llegan mucho antes de que empiece.
La conversación con Elías Roldán sirve para dos públicos distintos. Para el joven que está eligiendo carrera y no sabe si seguir la pasión o el cálculo económico, ofrece un marco que no es ingenuo: la vocación es pasión más servicio, y la experticia sostenida termina resolviendo lo económico. Para el que ya trabaja con herramientas de inteligencia artificial, deja la advertencia más útil del episodio: la máquina ejecuta rápido, pero el criterio para decirle qué hacer sigue siendo el único activo que no se descarga.