Diego Gómez, fundador de DG Motors, en el podcast Círculo de Poder
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Estuvo 2 años sin trabajo, hoy lidera 49 personas: Diego Gómez

Diego Gómez empezó de albañil a los 17 años y gerenció marcas como Mazda sin título universitario. Tras dos años de desempleo y tocar fondo, levantó DG Motors, que hoy da empleo directo a 49 personas. Hablamos de liderazgo, sentido de pertenencia y marca personal.

Este episodio del podcast Círculo de Poderepisodio #59— es una conversación con Diego Gómez, el estratega detrás de DG Motors, una marca automotriz que hoy genera 49 empleos directos en Ecuador. Empezó trabajando en construcción a los 17 años, llegó a gerenciar marcas como Mazda sin un título de tercer nivel, estuvo dos años sin trabajo y tocó fondo antes de levantar todo desde cero.

La charla es incómoda en el mejor sentido: habla del desempleo prolongado, de la depresión que llega con él y de cómo el liderazgo —no la suerte ni el título— fue lo que sostuvo la reconstrucción.

1. De albañil a los 17 años a gerente nacional

Diego llegó a Guayaquil desde Quito a los 17 años, con la familia entera mudándose por falta de trabajo. Antes de poder ser contratado legalmente por una empresa, hizo lo único que tenía a mano:

Empecé a trabajar en construcción, trabajé literal como albañil. Por eso yo sé hacer plintos, riostras, fundir losas, armar paredes, mezclas de cemento.

El recorrido después de esos seis meses fue una escalera de habilidades, no de títulos:

  • Banco Bolivariano, cobranzas legales — un año escuchando clientes molestos que le enseñó a sostener conversaciones difíciles sin quebrarse.
  • Valvoline, donde entró a los 18 y se convirtió en uno de los mejores vendedores del equipo.
  • Encargado de sucursal a los 19, liderando por primera vez a un equipo completo.

Uno no nace con las habilidades, uno tienes que irlas desarrollando, como en el juego, las vas desbloqueando por niveles.

Ese marco —la habilidad como algo que se entrena, no como algo con lo que se nace— es el hilo que atraviesa todo el episodio.

2. El título no es el permiso para emprender

El momento bisagra de su carrera fue una entrevista para una jefatura regional en una importadora de filtros, bujías y lubricantes. En la terna final quedaron cinco candidatos: tres ingenieros mecánicos automotrices, uno con dos maestrías, y él.

Yo fui haciendo la tarea. Me estudié la composición de la bujía, de los filtros, tipos de papel filtrante, cuál es el rango térmico, absolutamente todo.

El entrevistador se lo dijo directo: no tenía el título de tercer nivel, pero les daba tres vueltas en esa área. Lo contrató.

Eres bachiller y aún así te voy a contratar.

Diego lo convierte en una pregunta que devuelve a quienes lo atacan en redes:

¿La Constitución o el Código Orgánico Integral Penal te dice que hay que tener un título de tercer nivel para ser emprendedor? Lo que te da el título es las ganas de salir adelante, el hacer. Porque si te quedas solamente en ver y no haces, solo te va a quedar de lejos.

3. Sentido de pertenencia: el valor que leyó en una pared

En su primer día en Importadora Andina subió las escaleras hacia la entrevista y vio unos cuadros con los valores de la empresa. Uno decía “sentido de pertenencia”. No sabía qué significaba, así que lo buscó.

El sentido de pertenencia es trabajar con tanto amor que sientas que la empresa es tuya.

Y trabajó así durante años: cargo nacional, vuelos, horas de carretera, sinergia con los equipos, rotación casi nula. Pensaba quedarse ahí hasta los 45.

Hasta que uno de los accionistas decidió que diera un paso al costado.

Se derrumba todo el mundo ante mis pies. Era un mar de lágrimas que yo no controlaba. Pensaba que me estaba quedando sin el amor de mi vida, que era la empresa.

La lectura que deja es doble y vale para ambos lados de la relación laboral: el sentido de pertenencia es lo que hace que un colaborador rinda como dueño, y también lo que hace que perder el puesto se sienta como un duelo real.

4. Tocar fondo: dos años sin trabajo

Después de un paso corto por la gerencia de Mazda, Jeep, Dodge y RAM, vinieron dos años de puertas cerradas. LinkedIn, contactos internos, carpetas enviadas a recursos humanos. Nadie llamó.

Llegué a tal punto de la desesperación de no tener un trabajo. Estaba quebrado, tres días sin comer, sin poder pagar un alquiler.

Diego cuenta —sin adornarlo— que intentó quitarse la vida sentado en la ducha, con una aguja, y que sobrevivió porque se desmayó antes de que el intento se completara. Estuvo entre 12 y 13 horas inconsciente y terminó en el hospital.

Toqué fondo. Pero, ¿qué es lo bueno de tocar fondo? Que lo único que te queda es subir, hermano.

Dos sostenes concretos aparecen en ese tramo: sus padres, que fueron el pilar para no cometer una locura, y su compadre Arturo, que no le regaló dinero sino algo más útil.

Me dijo: toma la llave del departamento, resuelve tu vida. Cuando te acomodes conversamos.

5. Cómo nació DG Motors

La marca existía desde 2021 —logos registrados, identidad lista— mientras todavía trabajaba en relación de dependencia. Lo que faltaba era el local. Apareció uno abandonado, prácticamente desahuciado, en la autopista.

No es que de la noche a la mañana ya llegan los clientes. Hubo un trabajo metódico, de a poquito.

La operación de los primeros meses fue brutal y él la describe sin heroísmo: trabajar hasta las cuatro o cinco de la mañana, levantarse a las siete, sacar diez carros para meter cuarenta que hacían cola. El local era demasiado pequeño y muchos clientes desertaron molestos por la espera.

El crecimiento vino por sociedades, no por capital propio:

  • DG Motors sector Solca — nació cuando Vicente, un cliente que llevaba tres semanas sin encontrar espacio para dejar su carro, le propuso poner un taller más grande con capital suyo.
  • DG Motors Quito — abrió en mayo del año pasado con su hermano como dueño y encargado de la operación.
  • Taller de colisiones — otra sociedad con un tercero.

Yo no soy el dueño de todos los talleres. Uno es la mente maestra de la parte técnica y del liderazgo de los equipos, pero necesitas la parte financiera.

Jefe versus líder

Cuando le preguntan cuál es su estrategia, la respuesta no es marketing ni precio:

La estrategia que uso yo es el liderazgo. Hay una brecha muy grande entre ser un jefe y ser un líder.

La diferencia, en su formulación operativa:

  • El jefe te ataca, te recrimina, te señala.
  • El líder pregunta qué pasó, revisa contigo y te pide una solución — y si no la encontrás, interviene.
  • El líder cuida la parte humana porque si no cuidás al colaborador, el colaborador no te cuida a vos.

Sobre los mecánicos en particular tiene una observación cruda y honesta: los que están pendientes de dónde sacarle un filtro al dueño o de atender clientes por fuera lo hacen porque no ganan bien. Si repartís bien la mano de obra, el esfuerzo cambia de dirección.

También le da un marco a lo que significa emprender de verdad:

Es tirarte todo el equipo al hombro. Son 11 jugadores. Si esos manes fallan, tú eres el culpable, el director técnico eres tú. Ser un líder es poner el pecho sobre las balas y decir: no falló uno, yo fallé.

Y una condición previa que la mayoría se salta:

Si no eres un buen líder y quieres emprender, no vas a poder llegar a tener buenos resultados.

La marca personal y los ataques en redes

DG Motors creció en TikTok e Instagram sin equipo de marketing, sin guion y sin pauta. Un celular, unos micrófonos y él.

La gente piensa que tengo un equipo de grabación de 10 personas. Es un flaco con este celular. No hay texto, no hay script, no hay guion.

Su decisión de fondo fue no vender de frente:

Apliqué algo que vi en neuromarketing: no decirle al cliente te vendo, te vendo, te vendo. Porque el cliente siente ese rechazo y automáticamente hace scroll.

Con los ataques —cuentas falsas, acusaciones inventadas, gente que nunca pisó su taller— la respuesta evolucionó del sarcasmo a algo más frío:

No hay peor enemigo de un ecuatoriano que otro ecuatoriano.

Y una jugada defensiva que vale copiar: estudiar la Ley del Consumidor a fondo, tanto para blindarse como negocio como para poder explicarle al cliente hasta dónde llega una garantía. Convertir el terreno donde más te atacan en el terreno donde más sabés.

Tres habilidades para el liderazgo

Su mentor, Juan Carlos, le dejó una frase que sigue usando:

Diego, eres buenísimo, pero aprende a conectar la lengua con el cerebro.

Sobre esa base, las habilidades que recomienda entrenar:

  1. Elocuencia. La modulación de la voz y el tono no son dones, son práctica. Las pausas existen para que el cerebro alcance a la lengua.
  2. Constancia. Los resultados de DG Motors no llegaron en un mes; llegaron después de un año y medio de operación desordenada que fue ordenándose.
  3. Puntualidad. Su regla: llegar quince minutos antes es estar a tiempo, cinco minutos antes es llegar tarde, y llegar sobre la hora es no haber llegado.
  4. La parte humana. Si no cuidás al colaborador, no esperes que él cuide tu negocio.

Cierra con un insight sobre el mundo laboral que vale releer: casi todos los que hoy tienen empleo ya están buscando otro, muchas veces por cincuenta dólares más. Su recomendación es la contraria —demostrar que esa remuneración que querés se paga con trabajo, en el lugar donde ya construiste algo sólido.


La conversación con Diego Gómez es de las más honestas del catálogo porque no vende el emprendimiento como una decisión inspiradora, sino como lo que fue en su caso: la salida que quedó cuando ya no quedaba nada más. Un albañil de 17 años que se volvió gerente nacional sin título, un despido que se sintió como duelo, dos años de desempleo que terminaron en un intento de quitarse la vida, y una marca levantada desde un local desahuciado que hoy sostiene a 49 familias. En el medio, una tesis que repite de varias formas: el liderazgo es la estrategia, no el adorno. Y que la habilidad —hablar, vender, dirigir, aguantar— siempre se desbloqueó practicando, nunca estudiando en abstracto.

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